LA PROBLEMÁTICA DEL CONOCIMIENTO
Jaimel J.
Salcedo G.
Universidad
Nacional Experimental Sur del Lago “Jesús María Semprúm”
Conocer ha sido uno de los grandes temas de la
filosofía de todos los tiempos, es decir, dilucidar en qué consiste el acto de
conocer, así como cuál viene a ser la esencia del conocimiento, y la relación cognoscitiva que coexiste entre el
hombre y las cosas que lo rodean. Además
de preguntarnos cuán realmente es posible conocer. Estas han sido las grandes preocupaciones
de la humanidad desde tiempos inmemorables hasta el día hoy.
Son muchas las definiciones que existen sobre conocimiento.
A pesar de que es una operación que aplicamos diariamente, no existe acuerdo en
lo que respecta a lo que realmente sucede cuando se conoce algo. La Real
Academia de la Lengua Española define conocer como el proceso de averiguar por
el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y
relaciones de las cosas, según esta definición, se puede afirmar entonces que
conocer es enfrentar la realidad, pero, de nuevo surge la duda, ¿es posible
realmente aprehender la realidad?, o simplemente accedemos, a constructos
mentales de la misma.
Se puede decir que el conocer es un proceso a
través del cual un individuo se hace consiente de su realidad y en éste se
presenta un conjunto de representaciones sobre las cuales no existe duda de su
veracidad. Además, el conocimiento puede ser entendido de diversas formas: como
una contemplación porque conocer es ver; como una asimilación porque es
nutrirse y como una creación porque conocer es engendrar.
Para que se dé el proceso de conocer,
rigurosamente debe existir una relación en la cual coexisten cuatro elementos, Guyot
(2005), propone a el sujeto que conoce, el objeto de conocimiento, la operación
misma de conocer y el resultado obtenido que no es más que la información
recabada acerca del objeto. En otras palabras, el sujeto se pone en contacto
con el objeto y se obtiene una información acerca del mismo y al verificar que
existe coherencia o adecuación entre el objeto y la representación interna
correspondiente, es entonces cuando se dice que se está en posesión de un
conocimiento.
Según González (2009), dependiendo del grado de
la relación que se establezca entre los elementos que conforman el proceso de
conocimiento puede variar de un conocimiento científico, hasta un conocimiento
no científico. Este último está conformado por los productos provenientes de la
captación intuitiva. Es por ello que su interpretación es predominantemente
fantástica y con cierta carencia de razón. Es aquí donde tienen cabida el mundo
de los mitos y de las supersticiones, caracterizado por su espontaneidad, lo
que conlleva a concluir que es producto de la ocasión, por tal razón no resulta
de la planificación y es posible afirmar que está cargado de subjetividad.
En cambio cuando se trata de conocimiento
científico, muchos son los partidarios en equivaler este concepto con el de la
ciencia, debido a que éste posee elementos inherente a la ciencia, como su
contenido, su campo y su método, además del hecho de presentase como una
manifestación cualificada, que la hacen distinguir de otros tipos de
conocimiento.
Martínez (2006), establece que hoy día se habla
no sólo de que existen distintos tipos de conocimiento, como ya se ha descrito
anteriormente, sino, que además existen tres niveles diferentes: sensible,
conceptual y holístico. El primer nivel lo representa el nivel sensible que se sustenta de los
sentidos, por ejemplo, al captar por medio de la vista las imágenes de las
cosas con color, figuras y dimensiones, las cuales se almacenan en nuestra
mente y forman nuestros recuerdos y experiencias, estructurando de esta forma
nuestra realidad interna, privada o personal.
El
segundo nivel corresponde al conceptual,
que se basa en concepciones invisibles, inmateriales y a la vez universales y
esenciales. La principal diferencia existente entre estos dos primeros niveles
radica en la singularidad y universalidad que caracterizan respectivamente a estos
conceptos. Por último, pero el más importante, tenemos el Nivel Holístico, en este nivel no
encontraremos colores, dimensiones, ni estructuras universales. Conocer a este nivel
implica desplegar el carácter sido-siendo de las cosas que están en cada situación,
indisolublemente ligadas al fondo o abierto en el que se manifiesta.
Sin embargo, abordar el conocimiento desde su amplitud y por supuesto
poder observar los problemas que en él se presentan es una tarea bastante
ardua. Como lo establece Vemeaux (2005), con la ayuda de la teoría del
conocimiento o gnoseología; que estudia
las doctrinas filosóficas que abordan los problemas de conocimiento, podemos
decir que dichos problemas son tres: la posibilidad, el origen y la esencia.
De acuerdo a sus posibilidades, porque en un problema
reflexivo los filósofos se preguntan antes de entrar en contacto con el objeto
de estudio ¿es posible conocer? Partiendo de esa premisa entonces podemos
solucionarlo desde dos perspectivas: La Dogmática que afirma la posibilidad del
conocimiento, la cual considera que el contacto entre el sujeto y el objeto es
real, o sea, que el sujeto es capaz de aprehender al objeto; por lo tanto, el
hombre debe captar tal y como es dicho conocimiento, sin deformación, su principal
exponente es Spinoza. Y la Escéptica,
que niega que el sujeto pueda aprehender al objeto y tener conocimiento de él,
debido a que el sujeto cognoscente depende de una serie factores que le impiden
llegar al objeto. Su mayor exponente fue Pirrón de Elis.
Hablar de los problemas del conocimiento desde su origen, inicia
preguntándonos si el principio del
conocimiento está en la razón o en la experiencia. Si nos basamos en el racionalismo, doctrina que considera la
razón como única fuente adecuada de conocimiento, debido a que entiende que los
sentidos son insuficientes. Entre sus máximos exponentes se encuentran,
René Descartes (1596-1650), Baruch Spinoza (1632-1677) y Wihelm Leibniz
(1646-1716).
Por otro lado el empirismo, representado por John Locke
(1632-1704), George Berkeley (1686-1753) y Hume (1711-1776), defiende que las personas adquirimos los conocimientos a través de la experiencia que nos proporcionan los sentidos, es decir, la experiencia es el medio de
conocimiento, en donde el papel de la inteligencia queda reducido al mínimo, o
más bien no se reconoce, aunque de hecho se emplee. Sin dejar de lado el criticismo, teoría
propuesta por Kant, filósofo alemán del siglo XVIII, quien propuso esta
doctrina para conciliar el racionalismo y el empirismo, en la cual establece
una superación de los dos planteamientos anteriores al afirmar que no se puede
prescindir de la experiencia ni de la razón para explicar el origen del
conocimiento
Mientras que abordar el conocimiento desde su esencia, implica
un problema que cuestiona la prioridad de uno de los elementos principales del
proceso de conocimiento, el objeto o el sujeto. En donde el realismo sostiene
que podemos alcanzar la verdad por medio de la realidad, no se niega la
posibilidad del error, pero la considera un accidente, en donde el hombre tiene
certezas legítimas. Por otro lado, el idealismo, propuesto por Hegel establece
que el hombre puede divinizarse, pues el poder de crear el mundo, que él
atribuye al espíritu humano. Platón, considerado el precursor de esta teoría, afirma que el conocimiento se encuentra en el
sujeto mismo.
Es importante destacar que la extraordinaria transformación
del mundo producida desde la modernidad encuentra a la humanidad ante una
encrucijada. Las crisis en los diversos aspectos de la vida social representan
el mayor desafío para una racionalidad que busca liberarse de la trama excluyente
de logos científico-tecnológicos y potenciarse hacia un nuevo posicionamiento
frente a la vida. Cobran valor los intentos de repensar el conocimiento en el
doble filo de la relación entre la teoría y la praxis. Así, situamos las
prácticas docentes, investigativas y profesionales como prácticas del
conocimiento que producen formas de subjetividad en el concreto acaecer de la praxis.
El conocimiento, por una operación recursiva, puede volver sobre sí mismo para
vigilarse, corregirse e incluir la intervención práctica, como un momento de la
teoría en vistas a la acción juzgada epistemológicamente y valorizada
éticamente en su mismo devenir.
El giro de la epistemología ha introducido de lleno la cuestión
de la práctica y del sujeto en la consideración del conocimiento. Nuevas
opciones epistemológicas afectan a las prácticas del conocimiento, prácticas investigativas,
docentes, profesionales, y producen efectos en la producción de conocimientos y
en la configuración de subjetividades. Las posibilidades de intervención en la
modificación de las propias prácticas ponen de relieve la importancia de los
modos en que los sujetos se relacionan con el conocimiento a la hora de
investigar, enseñar o ejercer una profesión.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
González, J.
(2009). Filosofía, de la filosofía a lógica. México: Grupo
Perspectiva.
Guyot, V. (2005). Epistemología y prácticas del
conocimiento. Ciencia, Tecnología y Sociedad, 9-24.
Martínez Marín, A. (2006). Los Conceptos de Conocimiento,
Epistemología y Paradigma, como Base Diferencia en la Orientacion
Metodológica del Trabajo de Grado. Revistas Científicas de América Latina,
el Caribe, España y Portugal, 1-12.
Vemeaux, R. (2005). Epistemología general o Crítica del
Conocimiento. España: Editorial Heder.